En un territorio donde muchos agricultores han optado por vender sus terrenos debido a la escasez hídrica y las dificultades productivas, Rosa Amelia Díaz Vásquez decidió quedarse. A sus 63 años, sigue cultivando la tierra que heredó de su padre en el sector El Garretón, comuna de Nogales, demostrando que la perseverancia y el arraigo pueden más que la adversidad.“Soy nacida y criada en el campo. Nunca pensé en vender”, afirma.
Su emprendimiento, Huerto Rosita, comenzó formalmente en 2004, cuando junto a su esposo y sus tres hijos decidió hacer producir el terreno familiar. Con un crédito cercano a los tres millones de pesos y una hectárea de paltos, inició un camino que no estuvo exento de dificultades.
Una fuerte helada afectó sus primeros cultivos y luego vino la sequía. Debió cortar la mitad de los árboles. Sin embargo, nunca consideró abandonar. “Fue muy duro, pero nunca pensé en rendirme”, recuerda.
Hoy su campo vuelve a verse verde. Produce paltas, papas, cebollas, porotos, choclos, lechugas, pepinos, tomates, nueces y diversas hortalizas. Al año comercializa más de 4.000 kilos de palta y cerca de 5.000 kilos de hortalizas, vendiendo tanto a intermediarios como directamente desde su hogar.
El agua ha sido su principal desafío. Durante años dependió de un pozo que debió profundizar en reiteradas ocasiones. Al no poder inscribir derechos de aprovechamiento en el momento oportuno, enfrentó una nueva dificultad que logró resolver adquiriendo derechos de agua a un tercero, inversión que le permitió mantener la producción.
“El agua es primordial. Si no hay agua, no tenemos nada. Ojalá podamos asegurar agua permanente para producir todo el año”, sostiene.
Su modelo productivo es de pequeña escala, familiar y colaborativo. No cuenta con trabajadores permanentes; cuando requiere apoyo, se organiza con sus hijos o vecinos del sector. “Somos todos de campo, entre hermanos nos ayudamos”, explica.
En una zona donde la actividad agrícola ha disminuido, Rosa es una de las pocas agricultoras que sigue produciendo activamente. Su apuesta es por una agricultura sana y orgánica. “Hay gente que lo valora y otra que dice que es caro, pero yo sé lo que entrego”, comenta.
Su mensaje para quienes desean emprender en el mundo rural es claro: “Que no se rindan. Hay muchas cosas en contra, pero cuando uno quiere, no hay que dejar de insistir.”